Abrí los ojos. Extendí la mano y cogí mi iphone. Consulte la hora. Me había despertado demasiado pronto… Para ser mi día libre.
Trate de dormir de nuevo, pero no podía, así que decidí aprovechar el día, o al menos disfrutar de un desayuno como hacia tiempo no me permitía.
Desayune, ordene la casa, puse al día mis emails, y aun así no conseguía distraerme. Una voz seguía gritando en mi cabeza, ocupando todos mis pensamientos. Es lo malo de los secretos, que de vez en cuando exigen ser liberados. Pero no me apetecía, así que decidí ocupar mi tiempo en cualquier otra actividad.
Me dirigí al centro, a realizar algunas compras. Eleve el volumen de mi ipod hasta limites insoportables, de forma que no pudiese escuchar ni siquiera mis pensamientos.
Pero era imposible, ese pequeño secreto seguía gritando y riendo desde el fondo de mi mente. Así que decidí liberarlo. Busque en mi agenda el contacto adecuado para liberar el secreto. Revise mi agenda tres veces y no daba con la persona adecuada, no es que no las hubiera, es que no quería depositar mi secreto a ninguna de ellas.
¿Que podía hacer entonces? Seguí caminando sin rumbo fijo, intentando encontrar mentalmente a la persona a la que contarle el secreto que me atormentaba.
Mi camino termino en un edificio enorme. Alce la vista. Una estación de trenes. Sonreí y me dije a mi mismo: “Destino, a veces tengo que quererte”
Me dirigí a una ventanilla y realice mi petición: “Quiero un billete de ida y vuelta a cualquier ciudad situada a, al menos, 400 kilómetros de aquí. Y quiero que entre la ida y la vuelta haya al menos 5 horas.”
El pobre vendedor me miro extrañado y pregunto “¿A cualquier ciudad? ¿Y la ida y la vuelta para hoy? ¿Y solo va a pasar 5 horas en esa ciudad? ¿Sin saber cual es?” Sonreí y respondí “Si. A todo”
Con mis billetes en la mano encamine mis pasos hacia el anden. Entre en el tren, ocupe mi asiento y, tras un par de horas, llegue a mi destino. Me dirigí hacia la primera cafetería que encontré. Tome asiento y pedí un capuccino. Ahora solo quedaba esperar a la persona correcta.
Empece a observar las mesas: una pareja, dos amigos contando sus ultimas conquistas, dos ancianos discutiendo de política… Bingo. Una chica leyendo un libro, podría servir. Llame al camarero, alzando un poco mas la voz, y pedí otro capuccino sin dejar de mirar a la chica. Sonreí. Ella agacho la mirada. Iba por buen camino. Cuando me sirvieron el cafe di las gracias, mire a la chica y alce el cafe, hacia ella, sonreí y la salude. Me devolvió el saludo y se levanto. Perfecto.
“No eres de por aquí ¿verdad?” Me pregunto sonriendo. “¿Tanto se nota?” Le respondí con una carcajada “Por favor, sientate.”
“Bueno, un poco si que se nota..” dijo mientras se sentaba “¿Y que te trae por aquí?” Sonreí y tome un sorbo de cafe. “Un secreto” respondí. “Ahh, es un secreto…” dijo apenada. “No, no. Lo que me trae aquí es un secreto. No es que la razón sea secreta. Es que la razón es un secreto” le aclare.
“Mmmm… Que misterioso… Y.. ¿Es posible conocer ese secreto?” Preguntó con una sonrisa picara. Por supuesto, tan solo tienes que escuchar…
Tras poco mas de media hora había terminado mi relato y mi secreto había sido liberado.
La pobre chica ladeo la cabeza. “Realmente no me parece tan importante, no entiendo porque no podías contarlo a la gente de tu entorno. No entiendo porque has venido tan lejos y no entiendo porque si me lo has contado a mi”
Sonreí. “Dime. ¿Sabes mi nombre? ¿Sabes de donde vengo? ¿Crees que existe la posibilidad de encontrarnos otra vez?” Le pregunte.
“No, realmente, no se quien eres, ni de donde, y dudo que volvamos a encontrarnos” Me respondió.
“Ahora mismo solo estas sorprendida. No sientes lastima por mi. No te alegras de lo que me ha ocurrido. No me lo echaras en cara en un futuro. No te reirás de mi por ello. No te preguntas porque no estoy llorando. No te planteas ninguna de las cosas que haría la gente de mi entorno y por supuesto, no pides las explicaciones que pedirían la gente de mi entorno. ¿Sabes por que?”
Movió la cabeza de un lado a otro.
Me levante de la silla, deje un billete en la mesa y me dirigí a la puerta. Me gire hacia ella. “Porque así es como se cuentan los secretos”
Abandone la cafetería y me encamine a la estación. Mientras regresaba a casa, repase mentalmente mi día y los gastos que había supuesto esta pequeña escapada. No me malinterpreteis. Mis secretos no son tan importantes, ni los vuestros. Pero, ¿cuanto vale para vosotros liberar un secreto y no tener que escuchar ni un solo “Lo siento”, “Te lo dije”, o incluso ver la cara de satisfacción de vuestro grupo de amigos al conocerlo?
Planteaos esa cuestión la próxima vez que queráis liberar un secreto, quizás os merezca la pena conocer nuevas ciudades…
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he descubierto tu blog por casualidad. Me ha gustado mucho el relato.
Una sola cosa, por si la quieres corregir… Pides un billete a una ciudad que al menos esta a 5 horas. Luego dices que en un par de horas estas en el destino. Un saludo.
Muchisimas gracias por leerme y por el comentario..En realidad el viaje duro poco mas de dos horas en ave, lo que digo es que entre el billete de ida y el de vuelta haya,al menos, cinco horas de diferencia…
Fantástico relato y muy bien narrado. Ciertamente no veo mejor forma de contar un secreto.
Por cierto, leyendo me recordó al capítulo de “The Big Bang Theory” cuando a le cuentan un secreto.
Muchas gracias por el comentario.. No recuerdo ese capítulo pero lo buscare
Hola Juan Manuel! Creo que pudiste imprimir muy bien el elemento “sorpresa” hasta el final. Me gustó mucho! y efectivamente… qué pesadillescas pueden resultar las reacciones que desencadena compartir un “secreto”!!… supongo más de uno desearíamos poder realizar este tipo de viajecitos de vez en cuando!!… gracias por compartir este relato!!! muy bueno!!
Muchisimas gracias por el comentario!!me alegra que te guste!!
La verdad, tiene que ser genial esa experiencia, pero supongo que yo sería demasiado tímido para llevarla a cabo.
Y siendo estudiante… ¡No puedo pagar un viaje para contar un secreto! Jaja
Genial post, me ha encantado
saludos!
Muchas gracias por el comentario!! La verdad es que no tienes que irte tan lejos,solo encontrar a la persona adecuada…
Partiendo de que nunca conocemos lo suficiente a nadie, es dificil no juzgar, hacer de Pepito Grillo, lamentar, alegrarte, envidiar, o incluso compadecerte, de alguien al que conoces o al menos, alguien que sepa de tus flaquezas o debilidades o tu las suyas y eso es lo que fastidia en resumen.
Nunca lo hubiese dicho mejor…
Muy buen relato si señor. Lo leí ayer antes de acostarme y me dejó un rato pensando en el.
Un saludo,
Sergi
Muchas gracias, esa es mi idea..hacer pensar..aunque sea un poco
Estupendo relato y gracias por compartirlo.
Muchas gracias a ti por leerlo.
Liberar un secreto es vender la llave de tu libertad (La Celestina)
Nunca se dijo tanto con tan poco…