Ocurre en un segundo. Ni siquiera notas cuando llega, simplemente aparece. Una pregunta, una simple pregunta es el principio. Una carcajada, el final.
Alguien formula una pregunta, y… ¡Que suerte la tuya! Es de un tema que dominas. Así que haces uso de tus conocimientos y respondes a su pregunta, esperando acabar con las dudas de esa persona.
Entonces intentas discernir si habrás conseguido resolver sus dudas y por su expresión compruebas que no ha sido así, al contrario, su siguiente frase te confirma que, en realidad, ha entendido lo contrario.
Entonces reformulas toda tu explicación, la haces mas sencilla, si eso es posible.Terminas y ¿Que obtienes? Otra pregunta. “Y tu… ¿Que sabes?”
Y así ocurre. El mundo se vuelve borroso y empieza a girar a tu alrededor y de pronto te encuentras de nuevo en tu primer día de facultad. O en ese examen oral que tanto te costo aprobar. Esas noches sin dormir.
O quizás son horas de trabajo físico aprendiendo a hacer las cosas bien. O días de lectura en foros, en blogs, para dar con la solución.
Y entonces llega la ira. Te enfadas. Con esa persona. Por no entender lo que estas explicando, por no comprender lo que le explicas. Lo único que te apetece es gritar y preguntar que las innumerables horas que le has dedicado al tema te hacen “saber” bastante.
Otro flash y el enfado cambia. Ahora el objetivo eres tu. Te enfadas contigo mismo por perder tu valioso tiempo explicando algo a una persona que no lo entiende. Te reprochas a ti mismo como puedes ser tan estúpido, como no has podido verlas venir. Como has picado, como has sido tan iluso como para tratar de explicar algo.
Y, justo cuando crees que todo acaba, aparece otro flash. Ahora la sensación ha cambiado. Es lastima. Sientes una extraña pena por esa persona, que no es que no comprenda lo que le explicas. Es que no quiere hacerlo. No le interesa lo que le explicas. Solo quiere saber su verdad, usar su verdad. Porque esta cómoda en ella, porque se siente segura, porque si aceptase tus razones, parte de su mundo se vendría abajo.
Lo comprendes y lo aceptas.
Y entonces una carcajada te devuelve a la realidad. Es esa persona que se burla de lo que has dicho, le parece descabellado. El resto del grupo lo corea. Tu mirada se vuelve fría, ausente.
Entonces todo el mundo contiene la respiración, todos esperan un arrebato por tu parte.
Y optas por una nueva opción: sonreír. Sonríes y das un sorbo a ese liquido sucio que la maquina de la oficina se empeña en llamar capuchino. Te encoges de hombros, y te dices a ti mismo: “Nota mental: Nunca desperdiciar mas tiempo o esfuerzo en ellos”. Ajustas tus sennheisser, subes el volumen de tu ipod hasta que sus voces son poco mas que murmullos, respiras profundamente y te diriges a tu puesto de trabajo recordando que aun faltan minutos para empezar tu jornada laboral y que tu contrato te obliga a aguantarlos durante la jornada laboral, no antes ni después…
XOXO
Dedicas meses de aprendizaje para comprarte algo nuevo: miras tendencias, características, modelos punteros, otros que no lo son tanto, al final eliges uno que se adapta a tus necesidades.
Te lo compras, esperas ansioso a que te llegue a casa.
Ha llegado el día de la entrega! Esperas ansioso a que el mensajero llame a tu puerta. Ya tienes en casa el paquete. Es realmente bonito, tal como esperabas que fuera tras ver 15.000 reviews y videos en diversos websites. Le haces una foto… y la subes a twitter.
Te empiezan a llegar replys del tipo “Anda que bien! Ya nos contarás que tal funciona, yo estoy buscando algo parecido” o “Buena compra!”, son gente que te entiende, así da gusto comenzar desempaquetar el producto.
Al día siguiente vas a la oficina, comentas “Pues ayer me llegó X” a lo que te miran con cara de indiferencia y pensando por dentro “Y a mi que coño me importa la última chorradita que te has comprado?” pero sonrien, una sonrisa fría, falsa, por no dejarte en mal lugar.
Meses después ves como están en la oficina buscando por tiendas online esa “chorradita” que te compraste meses antes y que no le dieron ni una oportunidad.
Justo pasas por delante y… “Ey! Me acuerdo que tu te compraste uno hace un tiempo, verdad? Me ayudas con la búsqueda de modelos, por favor?” como buen compañero coges una silla y te sientas al lado, les ayudas a buscar entre los mil y un modelos que tu ya buscaste tiempo atrás.
Empiezas a comentarle cosas tan normales para tí como es los 100Hz, el DLNA, el USBMovie, el Internet@TV, los codecs aceptados… ¡¡Te tiraste 2 meses buscando!! Para tí son conceptos de lo más normal del mundo. Ellos te miran con cara de Poker y tu comentas “Si hay algo que no entiendas, dimelo y te lo explico, eh?” “No, si por ahora lo entiendo todo” te contestan con voz amable.
Al final terminas eligiendo tu por él, diciendole “Mira, este modelo es el que mejor se adapta.” Te dan las gracias y por dentro piensan “Y para esto tanta milonga? No podrías directamente haberme dicho ESTO y punto?”. Sonrien… esa sonrisa fría y falsa que tan bien saben poner. Te diriges a tu puesto de trabajo pensando que te harán caso.
A la semana siguiente llegas pronto a la oficina, ves como algunos de tus compañeros también. Están en un corrillo hablando y al que ayudaste a elegir el producto es el que lleva la voz cantante. Te acercas, saludas y te integras en la conversación.
“Pues ayer estuve viendo una película genial en el dvd y se veía de puta madre!” menuda compra que he hecho! A lo que todos le siguen la gracia y decidido preguntas “Pero al final que modelo te compraste? El que te dije?” a lo que él responde “No, al final me fuí a la FNAC y le dije al chico que quería una TV grande y que se viera bien y me dió una de Sony muy bonita, pagué casi 2.000€ así que se ve de putísima madre”.
En ese momento notas un dolor en el costado y lo ves todo borroso, bajas la mirada y ves sangre. Te acaban de meter el puñal de la ignorancia. ¿Para eso te tiraste casi dos horas la semana pasada explicandole modelos y características?
De repente vuelves a la realidad, alguien te da un codazo “Eh! Parece que has visto un muerto” te dice el que tienes a tu derecha. Todavía en tu nube ves que tu boca ha gesticulado las palabras ‘Disculpa’ y ‘Tengo algo que hacer’.
Te giras y te diriges a tu mesa, te sientas. Piensas en lo tonto que has sido, tres meses buscando información para comprarte lo mejor y al mejor precio, te ningunean y luego al tiempo te preguntan que si les puedes ayudar a elegir. Les ayudas pensando en que eso te hará ganar puntos en la escala social del departamento y luego te das cuenta que no, que sus cerebros no están diseñados para obtener tanta información en tan poco tiempo.
Abres el bolso, buscas el mp3 que seguramente esté al fondo, entre la ignorancia y la realidad. Lo sacas, buscas esa canción que tanto te anima en momentos tristes. Pones el volumen a tope y cierras los ojos. Te sientes bien, sabes que en algún lugar del mundo alguien te comprende y eso te da fuerzas para seguir.
Real como la vida misma. ¿Porque perdemos tiempo? ¿Porque no aprovechan nuestros consejos? ¿Porque no ven el tiempo que podrian ahorrar? ¿Porque…?
Gracias por el comentario!!
Pingback: Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya
Muy buen consejo, la verdad es que eso ocurre mas de una y
Un beso
dos veces, pero no solo en el trabajo sino en más sitios
acompañado de un abrazo gigante, feliz año!!!
Muchas gracias! Feliz año a ti tambien!