Recoger o ser recogido

A veces necesitas salir y tomar una copa de vino. Solo. Porque, en algún lugar del mundo es la hora de tomar una copa.. y eso, debe ser honrado

Decidí terminar mi paseo en uno de los nuevos sitios cool destinados a morir en 3 meses, pero cool al fin y al cabo.

Entré en el local, siendo apabullado por remixes de remixes de partes remixadas de grandes clásicos y me dirigí a la barra.

“Ponme una copa de vino. Que sea joven y dulce, por favor.”

“¿Así es como te gustan?” surgió una voz sarcástica a mi lado.

Me gire y sonreí, alce mi copa hacia la chica que me sonreía y me apoye en la barra.

“¿Celebrando una victoria?” Me preguntó sin dejar de sonreír

Mire mi copa. “Mas bien un premio de consolación ¿y tu?”

La chica suspiro “Una copa de resignación”

“A ver si acierto… ¿Tu amiga es la rubia embobada con el chico de la melena?” Pregunté.

“Efectivamente.” Me contestó

“Mmm buen trabajo. ¿Es el estándar? ¿Cuanto lleva recompuesta?” Pregunte con interés

“Lleva aproximadamente un par de meses recompuesta. Pack pro. Recogida, reconstrucción, puesta en marcha y aviso standard” me respondió profesionalmente.

“¿También le hiciste el perfil en la app?” Pregunte divertido.

“¡Oh no! No soy tan mala, deje que hiciese algo ella.” Contesto entre risas

“¿Cuanto crees que durara?” Pregunte

“Mmm de 2 a 6 meses. Es prácticamente lo primero que dura mas de 72 horas. ¿Y tu trabajo? no lo veo por aquí..” Continuo la chica.

“No esta aquí. Pack premium. Recogida, reconstrucción, puesta en marcha, aviso extra y sesiones de preparación”

“Interesante. ¿Cuanto crees que durara?” Pregunto fríamente.

“De 3 meses a 1 año.” Conteste

Me gire hacia la chica y la mire a los ojos. Durante un segundo todo se quedo en silencio. Lance la pregunta que todos los que llevamos esta carga tememos. “¿No estas cansada de esto? ¿No piensas que es absurdo este sin fin de repeticiones?”

La chica agacho la cabeza y me miro de forma resignada “Cada dia. Todos y cada uno de los días, de cada semana, de cada año. Pero.. ¿que podemos hacer?. Algunos tenemos que recoger y otros tienen que ser recogidos. Es el papel que nos ha tocado.”

“¿Sabes?” Continue. “A veces me dan ganas de ponerme delante de ellos y preguntarles si no son conscientes de lo que hacen. Repiten los mismos errores una y otra vez. Es siempre la misma historia. Y ahi estamos nosotros. Recogemos sus pedazos, los recomponemos, intentamos que aprendan, que evolucionen, que sean capaces de discernir, de estar preparados para la próxima vez. Y siguen igual, vuelven a caer, vuelven a golpearse con la pared y vuelta a empezar.. Es tan frustrante.”

“Una vez lo hice.” Me contesto, su voz sonaba decepcionada. “Y no te aconsejo que lo hagas, es lo mas descorazonados que puedes hacer. Imagina un niño. Imagina a ese niño comiendo algo que le da dolor de estomago. Come, le duele el estomago, para, mejora, vuelve a comer. Le preguntas al niño que porque come, si le hace daño y te mira con cara de incomprensión, y le da otro mordisco mientras dice que le gusta y que le duele el estomago y que no entiende porque le duele el estomago.” Contesto amargamente.

“¿Y no ven que cada vez que recogemos sus trozos lo hacemos de forma mas mecánica y cada vez os importa menos? ¿Tan ciegos están?” reflexione en voz alta.

“Si lo ven, pero de forma distinta, simplemente, ya no eres tan amigo suyo. Has cambiado, es culpa tuya.” contesto resignada

Suspire. Tenia toda la razón lo peor de recoger los trozos de un amigo es eso. “Solo nos queda averiguar quien nos recogerá a nosotros.” pregunte irónicamente.

La chica me lanzo la mirada mas cargada de lastima que he visto en mi vida. “Nadie. A nosotros no nos recoge nadie. Ns recomponemos solos o nos quedamos rotos. El orgullo no nos deja ser unos recogidos. nosotros recogemos.”

“Amen.” respondí. Brindamos, y quiero creer que fue por nosotros.

MI VIDA EN NUMEROS

Cuando se es tan maniático como yo, es imposible no medir las cosas. Ademas esta de moda. ¿No te has dado cuenta? Medimos nuestro peso, Medimos las calorías que ingerimos, los gramos que perdemos, el liquido que retenemos, la talla que usamos, cuanto crece nuestro pelo, cuanto y como dormimos, cuanto y cuando nos movemos, y, por supuesto, en que invertimos nuestro tiempo.

Todo esto es estupendo y fácil, todo es una tabla de numbers que genera unos gráficos preciosos. Riges tu vida por ello, es un poco estresante, pero es productivo como no puedes imaginar. Y todo es genial… mientras estas tu solo.

El problema viene cuando introduces a otra persona en esos gráficos, los datos cambian, las estadísticas cambian. Tu vida deja de ser tus datos y tus gráficos y se convierte en un documento compartido en el que todo cambia de manera fortuita, con cambios que alteran de forma irremediable tus preciosos gráficos.

Como buen maniático que soy, no me preocupo. Una formula mas en esta celda, un nuevo valor aquí y otro allá y podemos volver a conseguir unos gráficos preciosos y corregir las posibles alteraciones que se produzcan.

¿Pero que ocurre cuando esas alteraciones son demasiado cercanas en el tiempo como para evitarlas? ¿Que ocurre cuando esas alteraciones destrozan tus preciosos gráficos?

Te diré que ocurre. Que comparas datos. Y los datos no cuadran. Tus gráficos son mas bonitos que los míos. Tus gráficos son mejores… a costa de los míos. Obtengo menos de lo que invierto en ti y tu obtienes mucho mas de lo que inviertes en mi. Las cuentas no cuadran, lo mires como lo mires, no cuadran, y la culpa es tuya. O mía. Tuya porque te aprovechas de mi o mía porque dejo que te aproveches de mi.

Se lo que estas pensando. “¡Por DIor! No puedes cuantificar una relación! ¡Son sentimientos!”.

Tienes toda la razón no puedo cuantificarlos. Pero cuando ves que algo falla, puedes cuantificar los hechos, y no me hacen falta gráficos para saber los resultados. Dices que me quieres y yo digo que te quiero, pero una acción vale mas que mil palabras y los hechos dicen que yo demuestro que te quiero mas de lo que tu demuestras que me quieres.

Ahí tienes los datos, estudia el informe. Se cierra un año fiscal y comienza otro. Tienes tiempo para corregir estas variaciones, pero esta sociedad no aguantara otro año fiscal así.

Tienes los datos y sabes que hacer con ellos. La cuestión es ¿Lo harás? Yo, por mi parte, ya lo he hecho.

 

XOXO

EL PORQUE DE HACER LAS COSAS SOLO

Hoy no voy a redactar esta entrada como siempre. Hoy no voy a cambiar los nombres de mis amigos ni modificar la situación para que nadie se sienta atacado directamente. Hoy nadie me va a preguntar ¿Lo que has escrito es por mi?

SI. LO ES. Es por ti. Y por ti. Y por muchos de vosotros.

Hoy os voy a explicar porque vuestros amigos comen solos, porque vuestros amigos compran solos, porque vuestros amigos no os cuentan las cosas. Y, si, es por lo que pensáis. Es por vosotros.

¿Sabes por que tu amiga se come 12 pasteles o un kilo de helado antes de que tu vengas? ¿Sabes por que cuando tu ves el envase del helado ella te dice que le ha durado toda la semana?

No lo sabes. Pero yo lo se. No tiene un desorden, ni mucho menos. Tiene vergüenza, hastío, aburrimiento… por tu culpa. Tu crees que ella se come todo eso por ansia antes de que tu llegues. Pero no es verdad. Ella ha tenido un día agotador y ha pasado por delante de una pastelería y ha tenido un antojo, o quizás lleva toda la tarde pensando en ver una película y comerse un kilo de helado esa noche… Por que se lo ha ganado.

Pero entonces apareces tu “Peroooo… ¿todo eso te vas a comer?” Media sonrisa (que significa, “te vas a poner enormeeee”) y, en el cerebro de tu amiga aparecen varias opciones la primera contestarte con un “Y a ti ¿que &&$%&$ te importa?” pero es bastante educada y te responde simplemente con un “No, tranquila, es para toda la semana” Tu la miras con cara de incredulidad y la haces pasar vergüenza y sentirse culpable por querer darse un premio. Enhorabuena.

¿Sabes lo que has conseguido? Que tu amiga no coma jamas delante de ti. Que como a tus espaldas, que se oculte de ti. ¡Que buena amiga eres!

¡No has tenido bastante? ¿sigues leyendo? Muy bien. Pongamos otro caso. Tu amigo el derrochador, ese que no sabe dejar de comprar. ¡Es tu misión en la vida hacer que pare! No puede parar y tu debes evitarlo. ¿Sabes lo que consigues con cada “¿De verdad lo necesitas?” ? ¿No? Pues te lo explico. Consigues que compre a tus espaldas y con temor a que lo pilles haciendolo, que guarde las cajas de las cosas nuevas donde no puedas verlas y que compre a través de internet para no dejar huellas. ¿Sabes como detectar que estas siendo evitado? Al primer “¿Esto? No es nuevo.. lo tenia desde hace un montón, pero lo he sacado ahora” Enhorabuena has perdido un amigo.

Y con todo esto aun así piensas que es raro que tu amiga no te cuente nunca nada o que su respuesta sea siempre “No, lo normal, nada en especial.” ¿No será porque lo que ella te cuenta en confianza es para que se quede ahí y no se lo comentes a nadie? Dale una vueltecita a esto…

Lo peor no es eso, lo peor es que esos amigos son los que te han dicho “Venga, cometelo, te lo has ganado” o “Joder, date un capricho que nunca te regalas nada” y, es que, lo de pagar con la misma moneda no va contigo.

Ya no te aburro mas, ni creas que te estoy echando la bronca. Simplemente es para advertirte.

Ni como helado, ni salgo de compras, ni ha pasado nada en especial en mi vida.

XOXO

Juanma

 

OPTIMIZANDO RECURSOS

Cuando leí en mi iPhone el iMessage de mi amiga enseguida supuse que sería algo urgente e importante.

Salí corriendo de casa, robe el taxi a una ancianita y me dirigí al ático de mi amiga ofreciéndole al taxista una propina extra si llegábamos en menos de 10 minutos.

Tras abonar una generosa propina al taxista al fin entre en el ático de mi amiga. Cuando entré y vi los montones de ropa desperdigados por casa supuse que sería una alerta de estilo, era importante, pero no urgente.

De debajo de uno de los montones de ropa apareció mi amiga, su alegría al verme era patente. Y la llave inglesa en su mano más todavía.

Con un rápido gesto agarro mi muñeca y me llevo a la cocina. Mientras señalaba un grifo que no dejaba de de gotear puso la llave inglesa en mi mano y dijo “arréglalo”

Mientras recogía mi mandíbula del suelo intente recomponerme. Cuando lo conseguí rompí a reír. Pero la cara de mi amiga no parecía divertida.

“Cariño” comencé. “¿Qué te hace suponer que se utilizar esto?” Dije mientras agitaba la llave inglesa. “¿No crees que sería mejor llamar a un fontanero y mientras lo arregla tomamos un appletini? ¿Qué te parece? Vamos yo pago la primera ronda y luego te ayudo a recoger la ropa del salón”

La cara de mi amiga era fría como el hielo. “Eso ya lo esta haciendo el albañil.” Fue su única respuesta.

Ahora si que no salía de mi asombro y estaba empezando a plantearme la posibilidad que mi amiga estuviese borracha, drogada, o ambas cosas. O que lo estuviese yo.

Me arriesgue a preguntar. “¿tienes un albañil recogiendo tu ropa o tomando appletinis? ¿Estas bien? ¿Quieres que te lleve al medico?”

Mi amiga seguía impasible. “Están haciendo su trabajo. El albañil esta recogiendo mi ropa, el fontanero esta haciendo algunas estanterías nuevas, y tu… tu deberías estar arreglando esa fuga de agua”

Empecé a buscar la cámara oculta y a sonreír mientras me dirigía a mi amiga. “Casi, y digo, casi, me haces dudar, pero, ¿Quien en su sano juicio pondría a un albañil a hacer mi trabajo, a un fontanero a hacer el trabajo de un albañil y a un personal shopper a hacer el trabajo de un fontanero?  Casi me pillas, coge el Chanel, que voy pidiendo la primera ronda..”

“Lo siento, tengo que estar aquí vigilando el trabajo. Si no puedes arreglarlo, avisare a Judy.” Contesto mi amiga.

No salía de mi asombro “Pero… Judy es abogada, ¿Porque iba a saber Judy arreglar un grifo?” Ya empezaba a enfadarme “¿Quieres hacer el favor de decirle al fontanero que deje el trabajo del albañil y haga SU trabajo? Por Dior, ¡es un fontanero! ¡Su trabajo es arreglar estas cosas!”

“Si no puedes no te preocupes, seguro que Judy podrá, habrá visto algún video en youtube o algo así.” Dijo melancólicamente.

“Creo.. que.. necesito un café.”  Dije mientras abandonaba el ático de mi amiga y escuchaba como hablaba con Judy.

 

De camino a casa decidi parar en el Starbucks mas cercano a tomar un café. Mientras esperaba en la cola, el ordenador decidió morir y un corrillo de curiosos y pseudo expertos zumbaba alrededor del dependiente y del ordenador, aportando soluciones ridículas a la vez que absurdas. Tras reiniciar el ordenador  empezaron a sonar los familiares pitidos de un ordenador al que le falla la memoria ram.

Ansioso por obtener mi café, intente decírselo a la multitud, si me hacían caso en pocos minutos tendríamos  un maravilloso café humeante en nuestras manos, pero nadie me hacia caso.

De repente una mano se poso en mi hombro. Me gire para ver a un chaval que me miraba con resignación. “No te van a hacer caso”.

“Hola, soy Arthur, informático.” Le estreché la mano todavía atónito, intentando hacerme escuchar entre la multitud. “No vas a conseguir nada, ven, conozco un café cerca, estos todavía tardaran hasta que algún aficionado a youtube diga que es la ram y busquen un vídeo para cambiarla.”

Con una taza de café en la mano no pude evitar preguntarle a Arthur porque no había intervenido y porque estaba tan seguro de que no le harían caso.

Arthur sonrió melancólicamente “Antes pensaba que la gente optimizaba recursos. Ya sabes, soy informático, soy bueno con los ordenadores, ¿Se rompe tu ordenador” me llamas a mi. ¿se rompe un enchufe? Llamas a un electricista. Es el orden natural de las cosas, o debería serlo. Pero no es así. Parece que últimamente la gente ni siquiera se molesta en escuchar.  Se lanzan a arreglar cosas sin saber como funcionan o saber que son, simplemente lo hacen y punto. He visto a albañiles dejarse la garganta gritando a amigos que estaban haciendo mal una pared, y he visto a estos mismos amigos ignorar al pobre diablo. Y, lo más triste, he visto a estos mismos amigos enfadarse con el pobre albañil… Porque estaba molesto porque no le hacían caso. Es así de sencillo, intentas ayudar en algo que es tu especialidad, no aceptan tu ayuda y, si te molestas, el malo eres tú”

No salía de mi asombro, es justo lo que  había ocurrido hacia unas horas con mi amiga. Pero no podía creerlo, ¿quién dejaría pasar la posibilidad de usar los conocimientos de un experto, quien desperdiciaría esos recursos tan valiosos? ¿Estaba viviendo una pesadilla?

Mi iphone sonó para sacarme de mi ensueño. Era Lucas. Conteste. Mi pregunta y mi cara atónita hicieron sonreír a Arthur. “¿un cuadro? ¿Porque iba a saber yo colgar un cuadro?” Arthur sonrió y se encogió de hombros.  Conteste rápidamente “Lo siento, no se hacerlo” y colgué aun más rápido. Arthur sonrió  “vas aprendiendo..”

Mientras me dirigía a casa no podía dejar de pensar en cómo la gente desperdiciaba recursos, en vez de utilizar los conocimientos específicos de cada persona.

Preferían malgastarlos en tareas que no sabían hacer, o, peor aún, intentaban ellos mismos hacer esas tareas cuando tenían a un experto delante. No podía comprender el por qué de esta forma de proceder… Lo que si tenía claro es que si ellos estaban desperdiciando los recursos que yo les ofrecía… Quizás yo estuviese desperdiciando mi tiempo en ellos. 

NO HAY LUGAR COMO EL HOGAR

Retrovisor. Ok. Arranque. Ok. Gafas de sol. Ok. “Ride” de Lana del Rey sonando en el reproductor. Ok. Estaba todo listo para el viaje.

Finalmente había podido conseguir algunos días de vacaciones y decidí ir a visitar a la familia. De todas formas hacia mucho que no los visitaba y quizás me serviría para alejarme un poco del stress que tenia encima últimamente.

Llegue al pueblo. Aparque el coche y me encamine a casa… a mi hogar. Cuando abrí la puerta me recibió mi querido perro, todo estaba igual, nada había cambiado. Bueno algunas cosas si que habían cambiado, y estaban todas sobre mi antigua cama, pero no importaba, estaba en casa.

Me decidí a aprovechar el tiempo al máximo, actualice los macs, ordene mi antigua habitación y me prepare un cafe, en poco tiempo estaba todo perfecto.

Mire a mi alrededor lleno de orgullo. “Esto se merece otro cafe” pensé para mi. Me dirigí  a la cocina y me prepare otro cafe. “¿Otro cafe vas a tomar?” pregunto una voz detrás de mi, suspire para mis adentros.

“Buenos días Papa, yo también me alegro de verte. El viaje ha ido bien. Si, me voy a tomar otro cafe, no te preocupes suelo tomar cinco o seis a lo largo del día.” Respondí sin pararme a respirar.

Transcurrieron un par de horas y decidí que era un buen momento para otro cafe y un pequeño tentempié. Me encamine a la cocina y mientras cogía un trozo de bizcocho la misma voz surgió desde la puerta de la cocina. “¡¿Otra vez vas a comer?!” De nuevo suspire. “Si, desde que estoy con la dieta estoy acostumbrado a comer una media de siete veces al día…” respondí. “¿Y otro cafe?” pregunto sorprendido. No se que me molesto mas, si la pregunta o el tono de sorpresa de la voz, ¡Por Dior! Es solo cafe…

El día siguió avanzando con una tranquilidad absurda y yo decidí pasarme el día leyendo. Cuando cayo la noche la misma voz me pregunto que si iba a salir un rato. Trate de explicarle que estaba cansado y que preferiría acostarme pronto. Fue un esfuerzo inútil. Parecía que debía salir a que me diese el aire porque no podía estar todo el día en casa…

A la mañana siguiente me despertó el sonido de mi iphone. Mis antiguos amigos se habían enterado de mi presencia y me convocaban para un cafe. Me puse unos jeans y una sudadera y cogí mis teléfonos y las llaves, es lo bueno del pueblo, no necesitas arreglarte, nadie se va a dar cuenta.  Cuando me dirigía a la puerta de la casa, la misma voz emergió de las sombras, preguntando que era lo que estaba haciendo. “Me marcho a desayunar con unos amigos.” Sin dar mas tiempo a responder salí a toda velocidad.

Disfrute de un desayuno estupendo, en el que al fin pude tomar tres cafés (con la consiguiente mirada extrañada de mis amigos, pero preferí no tratar de explicar que el cafe en casa estaba limitado a dos al día.) el desayuno dio paso al brunch, el brunch al almuerzo y el almuerzo al cafe. Cuando llegue a casa note el cambio en el ambiente. Según me explico la voz de las sombras en mi casa no se explicaban que hacia tanto tiempo fuera.

A la hora de la cena decidí repetir plato… ¡Que osadía por mi parte! Los siguientes 20 minutos fueron una sorprendente conversación entre mi hermano y mi padre sobre lo mucho que comía… Decidí tomar algo de postre… solo para descubrir unos minutos después que existía un edicto del que nadie me había informado por el cual, dulces y determinados postres estaban fuera de mi alcance y no me pertenecían en absoluto.

Decidí leer un poco y acostarme, tratando de descansar… O al menos lo intente, hasta que descubrí que lo que había cambiado en mi casa eran los horarios. Ahora se dormía de día y se vivía de noche… Así que de esta manera finalizo mi descanso.

Mientras disfrutaba de toda la actividad de mi casa por la noche empece a pensar en estas ultimas 48 horas en casa. No podía salir, pero no podía quedarme en casa. No podía comer mas de una cantidad al día. No podía tomar mas de dos cafés al día. Y los horarios eran totalmente distintos.

Llegue a una conclusión clara. O me encontraba en una especie de cuartel del ejercito o en una clínica de desintoxicación. Donde no estaba era en mi hogar.

Cuando por fin la actividad ceso, me deslice de mi habitación, cogí la maleta y escribí una breve nota. Mi perro me dirigió una mirada de comprensión.

“Me han llamado del trabajo. Parecía urgente. Besos.”

Me monte en el coche, comprobé todo, busque música de persecución policiaca (“Hit the road jack” sonó desde mi iphone” y conduje. Mire por el retrovisor y vi como mi hogar se iba haciendo cada vez mas pequeño. Hundí el pie en el acelerador y me aleje a toda velocidad porque, por suerte, no hay lugar como el hogar.

MI SEGUNDA CITA

Agite un poco mi copa de vino, roce levemente su mano, busque sus ojos y le lance la mirada mas seductora que pude encontrar y, con una sonrisa provocadora, pregunte:

“¿Quieres tomar una ultima copa en mi casa?”

Su alegre risa lleno el restaurante. Apurando su copa me lanzo una mirada picara…

“No suelo ir a casa de nadie en la segunda cita…”

Ya era demasiado. Había jugado con sus reglas y estaba abusando de mi. Había “soportado” una larga primera cita (que tampoco fue tan dolorosa, pero si muy larga) sin conseguir nada. Pero, siguiendo los consejos de Kate, decidí darle una segunda oportunidad.

Aun recuerdo las palabras de mi amiga aquella mañana de compras… “Tienes que dar mas oportunidades, prueba, hazlo por mi.”

Ya me conocéis, no puedo decir que no a mis amigas.

Así que, ante su primera negativa, redoble mis esfuerzos, volví a lanzar la mejor de mis sonrisas.

“Bueno, las costumbres siempre pueden cambiar ¿no?” dije de forma seductora.

Su mano rozo la mía y me sonrío. “Lo siento, no me gusta cambiar mis costumbres.”

Ya había perdido suficiente tiempo. Soy una persona realista. Materialista si quieres. Pero no me gusta invertir sin obtener nada a cambio. Llame al camarero y le entregue mi American Express.

Mientras jugueteaba con su pelo, me pregunto, con tono pícaro. “¿Cuando nos volveremos a ver?”

Compuse mi cara en una mezcla de inocencia y lastima… “Mmmm pues como entre semana no podemos… ¿Que tal para el año que viene?”

Su risa volvió a llenar el restaurante, mientras el camarero dejaba mi tarjeta en una bandeja de plata. “De verdad, ¿Cuando volveremos a vernos?”

Mi sonrisa malévola apareció. Saque mi iphone 5 y abrí el calendario. “Déjame comprobar. El próximo fin de semana estoy fuera del país, el siguiente tengo reunión familiar, el siguiente vuelvo a viajar, el siguiente tengo unas jornadas, el siguiente unos encuentros, luego es diciembre, ya sabes navidades y tal… ¿La segunda semana de enero? ¿Que te parece?”

Su cara reflejaba sorpresa. Contemplo una y otra vez el calendario. “Bueno…” balbuceo. “Esta semana esta libre antes de diciembre…”

Esta vez fue mi risa la que lleno el restaurante. “Pero cariñoooooo” arrastre deliberadamente las palabras. “Ese fin de semana tengo que romper contigo”

Su cara reflejaba un asombro absoluto. “pero.. pero.. si es nuestra segunda cita.”

Sonreí aun mas “Por eso. No suelo romper con nadie en la segunda cita.” Realmente estaba disfrutando, quizás si había sido una buena inversión después de todo.

“Pero… pero…” Balbuceaba tratando de comprenderlo.

Puse un dedo en sus labios. “Sshhh. No te preocupes, no me gusta cambiar mis costumbres.” Le dedique un guiño y me fui del restaurante sonriendo.

Al salir llame a Kate. “No podía funcionar cielo. Sabes que yo necesito dedicación absoluta y nuestras agendas eran… Incompatibles.” Reí.

“Dime, ¿que haces el próximo fin de semana? Me han dicho que Saint-Tropez es precioso en esta época del año… ¡Oh! Que lastima. ¿Y el siguiente? Perfecto. Sin problema, tengo libres todos los fines de semana hasta el año que viene. Besos.”

Y PARA MI ¿QUE?

Todos adoramos a Darla. Es el tipo de persona que te encanta tener a tu lado, te anima, te motiva, hace que te superes. Darla es ese tipo de personas que  se crece ante la presión y ante el trabajo.

Por eso, cuando nos enteremos que al fin alguien había reconocido esto y la habían ascendido en el trabajo, decidimos preparar una pequeña celebración.

Aburridos al ver como Darla cancelaba todas nuestras celebraciones por reuniones de ultima hora en su trabajo, decidimos preparar una encerrona. Convencimos a su compañera de piso y planeamos una fiesta sorpresa.

Cuando encendimos las luces y gritamos ¡sorpresa!… La sorpresa nos la llevamos nosotros. Ante nosotros se encontraba algo que solo se podía describir como la sombra de Darla. Demacrada, cansada y visiblemente molesta.

Jimmy fue quien rompió el silencio. “¿Quien eres tu y que has hecho con Darla?” pregunto sorprendido. Darla, o lo que parecía Darla, se llevo la mano a la frente y mascullo “Lo habéis hecho… teníais que hacerlo” Alzo la vista y nos lanzo una mirada desafiante “Espero que al menos hayáis traído vino en cantidades industriales.”

La noche fue pasando entre copas y copas, mientras Darla nos contaba el motivo de su apariencia tan derrotada.

Por lo que nos contaba, Darla se encontraba en ese maravilloso punto intermedio en que hagas lo que hagas lo harás mal.

“Si me esfuerzo y hago el trabajo de mis compañeros quedo mal con ellos porque parece que quiero perjudicarles, pero si no lo hago me lo recriminan y entonces es que no se trabajar en equipo…” Nos contaba Darla entre sollozos. Tomó otro sorbo de vino.

“Si hablo con mi jefe de esto, me dice que tengo que tener mas iniciativa y que el no puede resolver mis problemas…. Pero si no hablo con el, ¡se indigna y se enfada porque no hablo con el!” Mas sollozos… y mas vino

“Si a mis empleados les grito, se quejan a mi jefe y me echa la bronca… Pero si los trato con cuidado me cae la bronca… ¡por no saber llevarlos con firmeza!”

Darla arranco a llorar… y yo… descorche otra botella.

Poco a poco la gente se iba retirando y quedábamos los mas cercanos a Darla.

“¿Sabéis lo peor de todo? Me encanta mi trabajo. Pero hoy hemos tenido una reunión y aunque no paraba de sonreír por dentro no salía de mi asombro. Es todo para ellos ¡todo! Hay que hacer planes y apoyo para los empleados, para que se sientan respaldados y obtengan números para los jefes, para que nosotros consigamos resultados y los jefes puedan decir el buen trabajo que han hecho gestionando su equipo.”

Darla apuro el ultimo sorbo de su copa y continuo. “Y mientras tanto yo solo podía preguntarme “¿Y para mi que? ¿Para mi que?” Todo es para ellos. Para mi solo hay mas trabajo, que se supone que no debo hacer pero que debo terminar. Para mi no hay nada.” Mientras Darla seguía murmurando recogí las copas y la abrace. Bese su frente y le susurre al oído “Para ti siempre estaremos nosotros”

Me dirigí a la puerta y cuando gire el picaporte Darla empezó a reír, se giro, me sonrío y avanzo hacia mi. Me cogió por los hombros y me lanzo una sonrisa melancólica. “Cuando llegues a casa” comenzó “Mira a tu alrededor, mira todas esas carísimas cosas que tienes a tu alrededor, porque eso es todo lo que hay para ti.” Dio un pequeño sollozo. “No esperes más. No hay palmadas en la espada. No hay estrellas doradas por un trabajo bien hecho. Nadie te va a dar la enhorabuena. No habrá nadie esperándote en casa. Porque para las personas como nosotros no hay nada. Nada.”

Se alzo en sus estupendos louboutin y me besó en la frente. “Buenas noches”

Cuando llegue a casa las palabras de Darla aun resonaban en mi cabeza, encendí la luz, active mis altavoces Bosse y deje que mi ipod me sorprendiese. Pero no podía dejar de pensar en Darla. Deje pulsado el botón de mi iphone.

“Buenas noches Siri” dije al iphone.

“Buenas noches Juanma. ¿Que puedo hacer por ti?” Me respondió mi iphone.

“¿Que hay para mi?” Le pregunte.

“Lo siento. No encuentro nada para ti. ¿Quieres que lo busque en internet?” Me contestó.

Apague el iphone con una sonrisa melancólica en mis labios. “No gracias.” Susurre. No necesito internet para saber que no hay nada para mi.